Oír un río
2019–2021Durante mi infancia, el río Vinalopó fue un lugar de juegos y aventuras. Un territorio cercano que convertíamos en nuestro particular oasis. Años después regresé a sus orillas y comencé a recorrerlo de nuevo.
El río nace ya herido y atraviesa pueblos y ciudades que han aprendido a vivir de espaldas a él. En sus márgenes conviven vegetación, residuos y huellas de la intervención humana. Espacios abandonados donde, pese a todo, distintas formas de vida encuentran la manera de permanecer.
Oír un río nace de ese regreso. De recorrer un territorio conocido y descubrir que ya no es el mismo —o quizá que nunca fue como lo recordaba—. Una forma de prestar atención a aquello que permanece cerca de nosotros y que, precisamente por su proximidad, hemos dejado de mirar.